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El Poder de una Rutina: una guía para formar hábitos positivos

¿Qué poder tiene una rutina?

 

La simple palabra “rutina” puede provocar sentimientos encontrados, pues hoy en día está sobre-valorada la novedad, la aventura y el constante entretenimiento.

Si preguntamos a cualquier persona ¿qué es rutina?, podría decir que es “hacer siempre lo mismo”. ¿Suena aburrido? Pues dependerá de qué es aquello que se haga repetidamente, y qué función cumpla eso en la perspectiva amplia de tu vida. Hacer lo mismo todos los días es algo que ya está sucediendo. Tenemos un conjunto de hábitos que son repetidos cada día, incluso si no estamos conscientes de ello. Para algunos puede ser, por ejemplo, el hábito de despertar, quejarse de algo, ver el matinal en la TV, desayunar un café y fumar un cigarrillo cada mañana. Ya tenemos un ejemplo de rutina matinal.

Hay bases biológicas en la formación de hábitos. Se han identificado zonas del cerebro, como los llamados ganglios basales, que registran una secuencia de acciones, incluso si una persona ha perdido la memoria por un accidente cerebral. Los hábitos quedan muy grabados y funcionan sin que tengamos que poner mucho pensamiento de nuestra parte. Eso es necesario porque hay un límite a cuantas decisiones se puede tomar cada día. Por lo tanto, el cerebro hace automáticas algunas elecciones, guardando recursos para decisiones más trascendentes y creativas. Podrías terminar sin energía para decidir nada más, si tuvieras que pensar cada movimiento para cepillar tus dientes y luego para ponerte la ropa y así con cada una de las acciones habituales que hoy puedes realizar sin mayor esfuerzo ni reflexión. La formación de hábitos nos deja energía disponible para otras decisiones.

¿Y cómo se aplica esto a nuestras vidas?

 

Hay un viejo refrán de origen de medio oriente que dice: “confía en Allah, pero antes ata tu camello”. Alude a la importancia de ocuparse de lo más concreto como una condición previa a planos más elevados de desarrollo espiritual. Las rutinas son un asunto muy concreto, y a la vez con profundos alcances en lo abstracto.

Una rutina es un conjunto de acciones realizadas a diario. Si se hacen en la mañana, pueden moldear el resto del día. Cuando se ha descansado bien, al despertar se cuenta con energía y un estado mental muy receptivo. De ahí este dicho “levantarse con el pie izquierdo”, es una metáfora que expresa cómo un suceso determinante, al comienzo del día, tiene poder de afectar la calidad del ánimo y desempeño para el resto de la jornada. En consecuencia, lo que hagas en la mañana, puede acercarte o alejarte significativamente de lo que quieres en tu vida. Recordemos que esto ya está implementado, pues ahora ya existen acciones que llevas a cabo todas las mañanas. Dedica un momento a pensar en ello. Tal vez no estás consciente de ellas. Puede ser útil tomar notas de lo que descubres.

Al hacerlo consciente, puedes diseñar a voluntad el contenido de esta rutina. La clave está en la elección de acciones que incrementen tus niveles de bienestar físico y mental, relaciones con otros, y acercamiento a tus metas (si es que las has definido).

Si no tienes metas definidas, puede ser un buen comienzo trazar algunas ideas al respecto. Escríbelas en un papel. Si no sabes hacia dónde te estás dirigiendo, no será fácil decidir qué cosas (rutinas matinales) te acercan o alejan de algo que aún no has definido. Una pregunta que ayuda: ¿Qué le pedirías al genio de la lámpara si te ofrece sus poderes para cumplir tres deseos?. Procura que tus metas (deseos) sean excitantes en sí mismos (por ejemplo “tener amistades de alta calidad”), en lugar de ser metas que en realidad son medios para otro fin, por ejemplo, tener mil millones de pesos. En este caso los millones son un medio, y no un fin en sí mismo. Muy a menudo el establecer un título universitario o casarse y tener hijos como metas, puede ser una manera de “poner los caballos delante de la carroza”. Es decir, confundir los fines con los medios para llegar a esos fines.

Persigue lo que sea un fin en sí mismo, y lo demás te buscará a ti, sin que tú tengas que buscarlo. Recuerda que esta definición de metas tiene que ver con encontrar tu propósito de vida, lo que es un proceso, que requiere trabajo y no es de la noche a la mañana. Rara vez llegará como un golpe súbito de inspiración iluminadora, dejando todo claro y despejando toda sombra de duda. Eso puede ocurrir, pero es raro. La manera más confiable es a través de un proceso gradual, de remover capas, como las de una cebolla, haciendo cada vez más claro lo que representa tu verdadero propósito e identidad. Permítete jugar con esta idea del genio de la lámpara. ¿Qué deseos, si se cumplieran, estarían asociados con altos niveles de entusiasmo y alegría de vivir?. Piensa en algo que si fuera realidad, sería un agrado levantarte por la mañana para vivir esa vida. Según la dedicación con la que hagas este trabajo, tomará mucho más sentido el asunto de las rutinas matinales.

Muchos de los personajes con elevados niveles de logro y éxito, quienes han hecho grandes contribuciones en sus respectivas áreas, todos tienen algo en común: aplican algún tipo de rutina matinal, que les permite conectar con su potencial creativo y productivo.

A continuación propongo algunos ejemplos de rutina matinal. Cada una de estas prácticas puede dar pie a un artículo completo, o a un libro (existen muchos libros e investigaciones para cada una. Sólo haré aquí una reseña general, con el fin de dar ejemplos de prácticas altamente efectivas, que si se adoptan como una acción aplicada todos los días, sin excepciones, no-negociablemente, pase lo que pase, darán frutos que por ahora no alcanzas a imaginar.

He aquí los más destacados, a partir de mi propia experiencia y de la literatura en el tema:

 

  1. Gratitud: quizás uno de los más sencillos y poderosos hábitos que se puedan establecer es el de agradecer. Cada mañana piensa (escribirlo puede ser de gran ayuda) en 5 a 10 cosas del último día o semana por las que te sientas agradecido. Puede ser algo muy sencillo, como un café delicioso que tomaste ayer, o un abrazo afectuoso de un viejo amigo que viste hace tres días, o estar respirando, o tener acceso a Internet. Es importante no limitarse solamente a hacer una lista de cosas, sino sentir por un momento la emoción que acompaña eso que agradeces.
  2. Planear tu día: dedicar 5 a 10 minutos a definir cuáles son las 3 tareas más importantes para hacer en ese día. Lo ideal es ocuparse de estas 3 prioridades lo más pronto posible, dejando el resto de tiempo del día para lo menos esencial.
  3. Visualizar: dedicar 5-10 minutos a cerrar tus ojos y concentrarte en el escenario que más quisieras convertir en realidad (¿recuerdas el ejercicio de la lámpara mágica?). Procura que además de evocar las imágenes visuales, prestes atención a los sonidos, emociones y sensaciones de esta situación que estás evocando, como si estuviera ocurriendo ahora mismo en tiempo real.
  4. Hacer Afirmaciones Positivas: dedicar 3 a 10 minutos a repetir afirmaciones en voz alta que sean representativas de lo que deseas y de la versión de ti mismo que quieres actualizar. Esta es una manera de re-programar ciertas creencias limitantes que están instaladas en tu sistema desde la infancia. Puedes sentirte torpe o ridículo haciendo este ejercicio al principio, pero recuerda que la mente sub-consciente, la cual es responsable de la inmensa mayoría de tus decisiones, se programó mediante la repetición de ciertas afirmaciones e ideas cuando eras un niño. Es así, mediante la repetición de afirmaciones, se puede instalar algo nuevo en tu subconsciente, información más actualizada y útil.
  5. Meditar: tan solo 10 minutos de meditación cada día, si se realiza a diario por meses y años, puede hacer enormes mejoras en el nivel general de bienestar de una persona, incluyendo lo físico, emocional, mental y en las relaciones interpersonales. La meta no es poner en blanco tu mente, limpia de todo pensamiento. Se trata de poner atención a lo que sea que esté ocurriendo en el momento presente, sin juzgarlo o tratar de cambiarlo. Incluso si notas que hay miles de pensamientos y emociones, y tu cuerpo está agitado, la práctica de la meditación consiste en observar, poner atención y consciencia plena a esos pensamientos, emociones y sensaciones en el cuerpo, tal como se presentan. Si nunca has practicado meditación, puedes comenzar sólo observando tu respiración, tal como es, por 5-10 minutos. Naturalmente tu mente va a distraerse con pensamientos. Cuando te des cuenta de que tu mente se fue hacia otra cosa, amablemente tráela de regreso, a prestar atención a la respiración. Tal vez pase un segundo y nuevamente se habrá desviado tu atención. Nuevamente repite el paso anterior y tráela de regreso, amablemente, una y otra vez hasta que se complete el tiempo. Recuerda NO reprocharte por no ser capaz de mantener la mente concentrada en algo tan simple como la respiración. Simple no es sinónimo de fácil.
  6. Leer: la persona promedio lee 1 a 2 libros al año. Un libro, especialmente sobre algún tema que no sea ficción, representa muchos años de investigación y trabajo por parte del autor de ese libro, lo que implica años de experiencia y conocimiento condensadas dentro de ese libro. Leer 30-45 minutos cada día permitiría leer entre 20 y 40 libros por año, según la extensión de los mismos y de la rapidez de lectura. Son incontables los beneficios que esto traería para ti en el desarrollo de tus conocimientos, habilidades aplicables en tu profesión, memoria, lenguaje, temas de conversación, etc.
  7. Hacer ejercicio: la actividad física mejora todas las funciones corporales, rendimiento cognitivo, calidad del sueño, capacidad respiratoria, energía sexual, y con un impacto secundario en la dieta, pues el solo hecho de hacer ejercicio predispone a mejorar la alimentación. No es necesario inscribirse al gimnasio para incorporar ejercicio físico en tu rutina. Existen innumerables formatos de entrenamiento, adecuados a los objetivos que se tengan. Algunos pueden tomar 4 minutos de ejercicio optimizado, que si se realizan correctamente, pueden equivaler a una práctica de 40 minutos. Estos son los llamados ejercicios en Intervalos de Alta Intensidad (H.I.T., por sus siglas en inglés). Mi favorito es el famoso Tabata Training que consiste en 20 segundos del ejercicio escogido, y 10 segundos de descanso. Esto se repite 8 veces, sumando 4 minutos en total. En sólo 4 minutos cada día te puedes mantener en forma!
  8. Hacer tu cama: esto puede tomar 2 minutos, y si es una de las primeras cosas que haces en el día, crea un efecto de “inercia positiva”, es decir, ya realizaste una tarea, y por lo tanto puedes seguir en esa línea. Además es un premio a ti mismo al final del día, que tu cama esté hecha al término de la jornada.
  9. Tomar un desayuno saludable: esto puede hacer una gran diferencia en los niveles de energía mental y física que tienes durante el día. Evita el azúcar y las masas derivadas del trigo, pues se traduce en estar cansado a las pocas horas, además de otra serie de efectos en tu salud en el mediano y largo plazo. Evita mezclar frutas y lácteos, pues no se digieren bien al mismo tiempo. En definitiva, haz tu mejor intento para comer lo que consideres más saludable posible. Al formarse como un hábito, y crear una rutina a partir de eso, cada vez se irá reforzando más esta práctica y naturalmente irás encontrando y aprendiendo más sobre lo que significa saludable para ti. Lo más importante es establecer el hábito, que luego crece sobre sí mismo, como una bola de nieve, que crece a partir de acumular más nieve sobre la que ya tiene. No te limites por los detalles de qué alimentos son los que corresponden a una dieta saludable y cuáles no. Primero establece el hábito en base a los conocimientos que por el momento tienes de lo que es un desayuno saludable.
  10. Respirar: un ingreso masivo de oxígeno en tu cerebro al comienzo del día hará que este funcione en su mejor rendimiento. Existen muchas técnicas de respiración, que van más allá del alcance de este artículo. Pero más allá de las técnicas, el sólo acto de hacer 5-10 respiraciones profundas, con la intención de ingresar mucho aire, puede ser suficientemente efectivo. Al despertar, antes de iniciar las actividades de tu día, realiza entre cinco y diez respiraciones profundas con toda tu intención, y luego continúa con tu vida. Notarás la diferencia, especialmente si lo adquieres como un hábito.

Estos han sido algunos ejemplos de hábitos que puedes incorporar cada día, aunque es importante tener en cuenta que estos hábitos por sí solos no garantizan el éxito, o una vida feliz. Más bien funcionan como soporte para una creación más efectiva de la realidad que escojas. Dicho de otra manera, apoyan la versión de ti mismo que quieres manifestar. Más allá de definir qué cosas hacer o no hacer, es clave tener una idea en mente de quién quieres ser, en quién te quieres convertir. Ese es un nivel más profundo, que toca la identidad. Naturalmente los hábitos que tienes dan información sobre cuál es la identidad que estás sosteniendo. Y viceversa, la identidad que prefieres, moldea tus hábitos.

Para finalizar, recuerda que es preferible comenzar con baja exigencia, para asegurar que lo que elijas como rutina, se va a mantener el en tiempo.

Es un error común, al sentir motivación para mejorar, el tratar de hacer demasiado cambio, y demasiado rápido. Esto, tarde o temprano, colapsa y tus viejos hábitos vuelven a instalarse.

Elige algo simple. Tal vez sólo UNA de las sugerencias dadas en este artículo, adaptada a tu medida. Luego, mantenla SIN EXCEPCIONES, con determinación. Al principio no notarás demasiado cambio. Sin embargo, es cosa de tiempo. Confía en el proceso, y en la sabiduría natural que reside en ti.

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